miércoles, mayo 13, 2009

Cortitos

Estudio en mi cuarto cerrado, me pongo un almohadón en el respaldo de la silla porque sino me encorvo y se me acalambra la espalda. Desparramo los libros, abro la cartuchera, prendo la lámpara de luz cegadora. Me calzo las gafas. Pero en medio de la lectura me distraigo, levanto uno de los libros y descubro que alguien ha escrito en mi escritorio: “Aquí estudia Lola, pequeña Einstein”, al lado hay un dibujo de una carita con anteojitos y ojos bizcos. Me rio, lo pienso, me rio más.
Después volví a distraerme con mi lapicero. Lo tengo desde que vivia en el departamento de Belgrano en Bahia. Es de lata, tiene un escocés celeste y rosa y una imagen de esas muñecas sarakey con capelina, muy barrocas. Lo repaso con mis ojos luego de creo que 20 años, son esas cosas que las tenes desde hace tanto que ya casi ni reparás en ellas. Decia: “SARAH KAY” o sea no era sarakey y todo junto, era el nombre de la muñeca esa que se llama sarah de primer nombre y kay de segundo nombre. Ya no pude volver a estudiar, imaginense.
Una amiga mia le decia a las albondigas almondigas. Descubrí hace solo un par de años que era una gran mentira eso de que si comés las bolsitas de azucar que te trae el café en lo bares te salen gusanos en la panza o si comés las semillas de naranja te crece un naranjo dentro del estómago. Si, hace solo un par de años me di cuenta que era mentira!!!! Yo discuto porque no tiene sentido que el jugador al que se le saca tarjeta roja esté amonestado, está amolestado.
La i latina procede del latin y la i griega de Grecia.

viernes, mayo 01, 2009

Máximas de Amor II

"No Hay Reglas para el amor" dije muy naturalmente en el ferri que te lleva a la estatua de la libertad gratis. Jose prendió rec en su camarita, me pidió unas palabras y yo, que estaba muy locuaz y que venía despotricando blasfemias contra un monumento que tiene mucho que envidiar al obelisco, grité una sorpresiva declaración. Y la empezaba a creer incuestionable.
Las chicas, que siempre me insistían para que teorice sobre algún asunto, ahora encontraban algo. El borrego que nos acompañaba devolvía aplausos a mis palabras. Todos envueltos en un paisaje vistoso, aprovechamos el singular estado anímico en el que me encontraba. Twister de emociones -lo bautizé-, o puede ser un Tsunami, para caracterizar el efecto casa Gran Hermano: todo es motivo de llanto y de risa, todo desconcierta -parafraseando una curseada recurrente-: las emociones están a flor de piel. Así fue: No Hay Reglas para el Amor, (y tampoco para el pelo, pero esa es otra discusión, que si quieren podemos tratar en otro momento)
No Hay Reglas para el Amor destruye todo tipo de conjetura, especulación y debate en materia amorosa.
Que si no te llama es por cagón o porque no te da bola o porque está con otra o porque está demasiado enamorado y tiene miedo de mostrar mucho interés. Que si te llama es porque muere de amor, porque está aburrido o porque solo quiere un revolcón, y está bien, si vos solo querés un revolcón. Que no quedás como regalada, las mujeres también quieren divertirse asique llamalo vos, que si quiere pensar que estas loca de amor allá él, mostrare segura. Que si es muy libidinoso tiene la idea fija, que si no se muestra cariñoso en público le da vergüenza que lo vean con vos o es demasiado puritano y recatado. Que si actúa afrancesadamente es gay, si es caballero es cursi, si se depila el pecho es metrosexual. Pero tampoco que no se abra el botón de la camisa con tanto pelo, que no cuide tanto las formas y que si no las cuida es un salvaje maleducado. Que todos son garcas, todos son iguales (en qué sentido????!!!) que no te valora, que él se lo pierde, que es un inmaduro, es histérico o resulta que ahora no quiere tener novia pero te hace creer que te quiere…..
se abre el espacio para las opiniones. Y más si uno no está muy seguro de lo que siente o respecto de la situación amorosa por la que está atravesando en cierto momento.
Lo más evidente, y que se olvida con frecuencia, es que tales opiniones proceden de experiencias personales que han permitido a cada una de esas amigas ir hipotetizando. Pero, no basta con que venga la compañera de estudios de nuestra amiga contándonos su historia, para que esas hipótesis que habíamos adoptado con fervor desde hacía un día, con nuevas posibilidades, se vean enroscadas. Pues bien, hay otras posibilidades. Por este motivo, ese día histórico en el que afloró el No Hay Reglas para el Amor, puse freno a las discusiones de amigas en las que se enhebran conclusiones alrededor de una historia o intento de historia de amor. Así fue como, casi sin darme cuenta, estaba abortando futuras asambleas acerca del papel desempeñado por los mensajes de texto en los inicios de una relación amorosa; estaba cancelando el tan mentado interrogante acerca de cómo darse cuenta que uno está enamorado. Y eso que nunca falta quien se jacta del trilladisimo: “cuando uno realmente está enamorado, simplemente lo siente así”.
He ahí la máxima revolucionaria, No Hay Reglas para el Amor es la antesala, el antecedente de todo lo que puede decirse y lo que deba decirse antes de hablar de amor. Está claro, amor en sentido amplísimo.
En todo caso, digamos SI a las discusiones, exposiciones de opiniones, pero nunca dejando de advertir que lo que dice la amiga no la convierte en testigo de un fenómeno universal. Desautorizemos a los todologos y opinologos del amor que insisten en convencernos, por ejemplo, de la causa unívoca del accionar infiel: la inseguridad. Ya que, si algo dejé por sentado enfrente a la cámara de video, es que cada historia reinventa teorías nuevas. Este es el punto de partida que debe guiar toda puesta en común. Sin ser fatalista, ni intolerante, no intento hacer campaña de destrucción a todo ámbito de conversación sobre toda clase de amorío. Por lo contrario, solo abstenerse de aquellas conversaciones que intentan buscar certezas, resoluciones, convicciones.
Con el mismo fervor con el que proclamé en su inicio (en el ferri turista y agitando un Starbucks Café Latte Venti oficiando de micrófono), el No Hay Reglas para el Amor, propone transformar todo contenido argumentativo en mera descripción personal. Sin descreer en las reiteradas coincidencias que pueden darse entre el caso propio y el de una amiga de la amiga de la prima, con un grito: No Hay Reglas para el Amor (y punto final).

sábado, octubre 04, 2008

El Baldecito

A Ani, para la cual mi vida no tiene secretos.

Descubrí que tenía el papel de amiga una vez que, por cuestión de minutos, me olvidé de que la muerte existía y aposté a salvar el baldecito que se me iba mar adentro.
La fui a visitar a Mar del Plata. De fondo, nuestras madres conversaban animadamente en las carpas, los demás no se por donde andaban. Cerca de la orilla voy a arrastrar el baldecito con forma de pez para llenarlo con agua. Pero una ola me lo lleva y yo avanzo a agarrarlo, agachada, otra ola me lo lleva más adentro, y yo avanzo, y avanzo, y mi amiga mira como me alejo en busca del pececito verde que de a poco empezaba a convertirse en un punto brillante sobre la superficie del mar. Un impacto me sacudió la conciencia y advertí que debía dejarlo ir. Y así fue como el mar se llevó el baldecito y siempre me pregunto si habrá llegado del otro lado del horizonte, si logró flotar hasta las costas de Africa o si se hundió.
Reaccioné, podía morirme, pero en ese retroceder nos miramos, por lo que fue de común acuerdo de que no había nada más por hacer, dejar que las olas lo chuparan.
Es el retrato vivo acerca de un origen, de una nueva vida para el pececito y de un vinculo que se quedó ahí enraizado para crecer en la arena firme.

viernes, septiembre 26, 2008

Máximas de Amor

Perfil Difícil

A las chicas, que no paran de rebatir mis teorías y de enseñarme nuevas. ¡Y como las quiero!


“Tenés un perfil difícil de ubicar” me dijo mi hermana ante mis abruptos comentarios sobre la ignorancia que le repercute mi persona a los hombres. Esa declaración resonó como ecos, una y otra vez, en mi cabeza. Le dije que tenía razón y le agradecí por poner las palabras justas a un sentimiento que alberga en mi desde hace tiempo y al que no lograba etiquetar. Es así, me auto convencí, no tengo éxito con la gran mayoría de hombres porque tengo un perfil difícil de ubicar. ¿Original?, ¿única? Los hombres no me ven como a una Mujer, así bien latina, y eso es lo que hoy se convierte casi en un problema. Soy demasiado espontánea, verborrágica, digo lo que viene a mi mente, lo que sale sin pensar. ¿Inocencia?, yo prefiero decir exceso de naturalidad, autenticidad, pecaminosa sinceridad.
Entonces, de una, el pibe me ve y se siente como pez en el agua para hablar de minas, de trabajo, de fútbol. Pero soy una estúpida porque si de ejercitar el diálogo se trata, adelante, y ¿querés hablar de Beijing?... y ya me engancho y me pierdo por las ramas. Para empezar, hablemos de Pekín como todo mapa comprado en la república lo indica, y no como dicen los yankies, y dale, discutamos del nefasto tenis argentino que prefiere la joda antes que la disciplina de entrenamiento, hablemos de la selección, del salto de garrocha, de los pro-Riquelme, de la crisis institucional de River Plate. Entre bocadillo y el conversar fluido, a veces se cuela mi mirada femenina que opina sobre la calidad estética de los jugadores; que Messi se parece a cuasimodo, que el otro se corte ese pelo, que el que me gusta es Almeida, ese tiene actitud, al otro lo re beso. Aparece el instinto que juzga quién es lindo y quien es feo más allá de si son buenos deportistas. Claro! decime, qué necesidad tengo de andar abogando sobre las habilidades defensivas del ratón Ayala en medio de un cumpleaños ante un excompañero de besos. Cero coma cero tacto, cero deseos de que a una la miren como potencial madre de sus hijos. ¿What?, ¡¿Hijos?!, yo no quiero tener hijos, sucede que los hombres piensan que las mujeres solo quieren tener hijos. Pero esas son mujeres de las otras, que sueñan con casarse de blanco frente a la institución eclesiástica y desean una casa de Para Ti Decoración con un jardín para que sus hijitos jueguen. Los hombres buscan tontas, sencillitas, con espíritu casero y maternal. No, yo no quiero jardines quiero un patio para tomar sol, para broncearme mientras hago crucigramas de la revista del domingo.
Perfil complicado… los hombres prefieren otro estilo y me siento una suerte de Gaby Sabattini en versión edulcorada, encima, sumado a mi falta importante de filtro social, el espesor de mi vocecita es digno de ser descrito en un texto aparte. Hoy le doy la razón a lo que dijo, hace décadas, uno de los nenes del club, a saber: tengo vos de camionero. Fijate que ni existe el ser camionera, con A. Sin escrúpulos, me encuentro muy lejos de vestir el sex-appeal que impacta de primeras al individuo masculino.
En una reunión de mujeres y hombres, lejos estoy de que me miren con voraz hambruna sexual. O al menos, estadísticamente -porque yo tengo estadísticas- , así ha transcurrido hasta entonces.
Repeat: Per-fil di-fi-cil de encajar diría mi hermana más tarde poniéndole explicación al asunto sobre el que vengo hipotetizando frente a mis amigas y que, desde mi último fracaso amoroso, es moneda corriente. Ojalá las monedas se hagan monedas para el colectivo.
Lo del perfil difícil es, sencillamente, difícil de explicar porque, a esta altura, se puede uno imaginar que soy un marimacho onda, sin ir más lejos, la leona Mechi Margalot, más torta que el bizcochuelo de Betty Crocker.
Pero no, lo más lejos un poroto, porque una le pone garra a la vida. Siempre se tiene una prenda de moda, se obsesiona por la higiene personal mediante el uso diario de gel mata bacterias, cremas de limpieza, esponja vegetal, tónicos, piedra pómex; se depila regular y profundamente, se hidrata el cuerpo religiosamente después de cada ducha. Esta muchacha es decidida, no dudó, en comprar maquillajes importados una vez que obtuvo los primeros dólares. No te vayas a creer que no se preocupa nada por la estética personal. No, no y no. Pero no hay solo papeles verdes invertidos sino tiempo y, lo más importante, energía. Por eso digo, atención, atención (si estás en la calle o vas a cruzar, prestá atención, prestá atención…) que no se van a creer cualquier cosa, energía invertida, para qué, para que después nada.
La feminidad se puede ir por la borda y por la boca de esta letrina digna de una mujer crecida a los ojos de un hermano varón que es clon de Jeimito, el protagonista de todos los chistes. Pero ojito con ese corte de pelo que grita lo último del fashion europeo, ojito con las piernitas de esta chica que le mete duro y parejo a la bici.
Listen and repeat: PER-FIL DI-FI-CIL, para la mayoría de ustedes que prefieren el vestido blanco, la docena de hijos, el jardin. Yo no quiero ser más un macho, me aburrí de ser el bufón de la fiesta. Desde hoy, empiezo a ser sexy.

domingo, septiembre 21, 2008

Vacaciones

El suicidio de la mucama

En lo seguro, está mamá quejándose de que, para ella, esas no son vacaciones si no se lleva alguien que la ayude. Es que, son muchas cosas, los chicos que demandan cuidados, la ropa que hay que lavar, los horarios, la comida, regar, cortar el pasto y la limpieza casi diaria por la arena que se junta en todo rincón de la casa. Tal es así que papá cedió a su pedido.
Me mandaron a caminar hasta el espigón con La Chica porque sino no iba otra más que Dorama. Ella corría delante de mí y se apresuraba, me sacaba larga ventaja y yo, que no buscaba otra cosa que caminar paseando, ya me empezaba a incomodar el pánico de quedar sola y pérdida en la playa de la multitud. Ella avanzaba enérgicamente y, a larga distancia, se daba vuelta hacía mí, mostrándose, dedicándome una sonrisa burlona. Gozosa se movía la negra por la arena, jactándose de esa situación que le confería poder sobre mí, sea para cuidarme, sea para abandonarme en ese preciso tiempo. Porque me tenía a su cargo y eso la pondría en un estado de transitorio confort. Por esos instantes solía ser nada menos que mi jefa.
Yo la perseguía con la mirada y era su maya desgastada de flores fluo de la que mis ojos no podían apartarse. Cuando casi la perdía de vista, mis pasos se volvían apresurados pero disimulando siempre las contracciones faciales de preocupación. Se me fruncía el ceño. Por dentro, me gritaban las ganas de huir y escapar de allí. Y me tranquilizaba pensar en los brazos de mamá que me esperarían a la vuelta, con galletitas de miel que bien sabía guardar en la lata de terrabusi que bajaba en la canasta de la playa.
El calor, la gente, el ruido de mar estaban en silencio y todo transcurría en cámara lenta a mi alrededor. Solo proclamaba con ritmo acelerado mi pesar. Lograba contener mi llanto la esperanzadora idea de que, en caso de ser raptada o de que la negra me dejara sola, al final de la tarde, alguien se iba a dar cuenta de que yo no había vuelto y empezarían a buscarme.
Inconciencia la de mamá que me deja al cuidado de esa mujer que no llega a doblarme en edad. Te juro mami y sin cruzar los dedos de las manos que no hago lío con la arena y los moldes, no pido nunca más que me compres un helado cada vez que pasa el heladero que grita “eeelao, eelao”, ni te hago esperar cuando vamos al centro a comprar pulseritas. No me muevo nada de tu lado.
Me pasó que me puse muda y no pude decir que no quería saber nada con esto de ir caminando a ver al faro más de cerca con Dorama, cuando Silvia, la amiga que toma sol con mamá, me propuso un programa porque supuso que me encontraba un poco aburrida, cargoseando a mamá. No me salió vos para expresar la verdad de que tan solo quería quedarme allí, junto a las reposeras de ellas, aunque hablaran cosas de grandes y no me llevaran el apunte en lo más mínimo. No hablé, no dije nada, así que ahora sólo me resta seguirle la atención a esta negra que pretende dejarme sola en medio de los medanos.
Por esos instantes de seguir a Dorama con la mirada concentrada, me hicieron descubrir que se trataba de mi mucama y no de una amiga con la que, de igual a igual, podía jugar, divertirme y pasar los ratos. En esos angustiantes segundos, algo se volvió confuso y nítido en torno a la que, hasta allí, había sido mi dama de compañía.

En cierto punto, fue algo liberador que esa misma noche la negra se haya querido sacar la vida de encima tirándose desde lo alto del balcón. Si no fuera por mamá, ella hoy sería parte de la historia. Mamá la pescó lloriqueando, pasando las patas para el otro lado, con medio cuerpo afuera y temblando. La agarró del hombro, la metió para adentro y se le puso a hablar mientras ella tiraba piñas al aire. La negra lloraba a moco tendido y a mi me mandaron para el garage donde mi hermano y los amigos se disputaban un torneo de ping-pong.
Ahora mamá tendría que encargarse de nosotros, de toda la limpieza de la casa con la que no se da a basto con tanta arena que entra, y de Dorama que quedó pálida de tanto llorar y gritar. Sentí odio.
Después, escuché decir a la tía Mabel que, como Dorama está deprimida, debe regresar a la ciudad para descansar y ver a un médico. Le pagaron la combi, incluso.
Traté de no hacer ruido ni suciedad y pasar inadvertida para no causarle más problemas a mamá. Yo sola me iba a ocupar de llevar con mi fuerza la bolsa de baldes y palas a la playa, yo me iba acordar de enjuagarme bien para despegarme la arena del cuerpo y para ponerme la maya que toca a la tarde. No pido ir más a caminar por la arena mojada a juntar almejas o a las colchonetas a la noche, es más, me quedo ahí con las nenas de la carpa de al lado aunque les tenga que explicar como funcionan las raquetas de abrojo que me trajeron los reyes.
De lo que ahora me apeno un poco es que no voy a oír, por mucho tiempo, los gritos de Dorama que anuncian la hora de tomar la leshe. Ella siempre ponía primero la leche y después el nesquik, por eso mamá nunca logró igualarla en la preparación, igual yo no le dije nada para que no tenga que hacerlo de nuevo y tenga que tirar la leche. Se le iban a extrañar esas historias sobre novios que siempre nos contaba antes de irnos a dormir y con las que, no era cosa que siempre terminaba llorando. Pobre Dorada, que ya no me va a pelear más cuando la llame de ese modo. Entonces, yo le hacía saber que si ella quería, podía traerse el catre donde dormía, entre la cama de mi hermana y la mía, para que no se quedara ahí sola.

sábado, septiembre 06, 2008

Monólogos

Versus

Odio los colectivos. Opté por sentarme a escribir para ver si la pluma me apacigua las ganas asesinas de hacer desaparecer a la vieja que me acabo de cruzar en el colectivo que me traía de regreso a casa. “Señorita, puede cerrar la ventana?”, me pidió sin por favor, la vieja tocándome con su dedito martirizante mi pobre hombro. La tenés esa situación, no?? Que te toquen con el dedito cual tecla Enter que no da resultados. Me enervé. Para qué, yo que ya venía indignada con el olor a compañerismo que me tumbó al entrar al bondi, no gano para disgustos con esta población, y lo peor, que todos estaban muy panchos por su casa sin tener el tupé de abrir aunque sea un milímetro la ventanilla. Es momento de confirmarlo: les gusta estar apretujados como sardinas en lata, es más, gozan con sentir las respiraciones ajenas, porque de otro modo, no se explica que ni siquiera atinen a abrir las ventanillas.
Ahora, vos me decís que vivimos en la Antártida pues bueno hombre lo pensamos 2 veces, consensuaremos…pero no, esta ciudad es la capital de la humedad. Además, acá no hace nada de frío, sabés de cual te hablo yo, no?, ese que te desgarra los huesos, que te penetra las venas y con el cual no hay buzo de manta polar que baste. Pero acá, acá no saben lo que es tener ese frío que no te deja ni salir al recreo en el colegio, no, no acá nunca un pechito tejido, te lo aseguro. Da igual, ni siquiera, aunque haga frío, abrí la ventana, por el amor de Dios!!!! .Yo estoy que me ahogo, me falta el aire, me adormezco del asco que me provoca ese vaho de frituras, y mirá lo que te digo: la sola idea de saber que las bacterias están ahí, en esa atmósfera diminuta haciéndose un festín, a mi ya me enferma, mañana caigo en cama por pescarme cualquier bicho. Por favor, rogemos que a nadie se le ocurra estornudar.
Con ese clima de fondo, yo entro al colectivo, agarro el boleto y me mando derechito a correr una ventanilla para que corra un poco de aire que golpee mi cara y airee esa capsula grasosa. Petrifícate nariz, no me importa, yo necesito aire ya mismo sino me bajo en la próxima aunque tenga que caminar quinientas cuadras de corrido. Y llegaré chivada a casa como una maratonista olimpica, pero acá, si alguien no se digna a abrir un poco la ventana yo personalmente me bajo.
La vieja agarra y ahí me pide –bueno, en realidad su tono imperativo fue más parecido a una orden que a un pedido-: “Señorita puede cerrar la ventana”, te digo, muy prepotente la novata. Imaginate, yo que ya venía comiéndome desde hacia un largo rato el tufo a milanesa y zobaco le clavé un NO rotundo a la vieja, “disculpe, pero me falta un poco el aire”. Chan, tomá, le cerré la tapita, ahí le di un motivo para que se quedara bien callada. Listo, borrón y cuenta nueva. Ya falta poquito para llegar a casa. Pero nooo, atenti señores, que no se quedó callada, la muy vieja se fue pal` fondo susurrando blasfemias contra “…esta juventud de hoy”. Y yo le clavé una mirada fusiladora que seguro que no registró con esos culos de botellas que llevaba en los ojos con cataratas. Y me quedé ahí, agarradita del caño que me impregna las manos con olor a metal oxidado, mordiéndome los labios para contenerme porque si no… mirá, te digo que se armaba una para narrar de por vida.
Y hubiera seguido la discusión si no fuera porque ahí nomás la vieja menemista se bajó. Si viejita, soy parte de esta juventud de hoy y con orgullo!!!, le hubiese gritado por los aires caldeados del bondi. ¿Acaso estarás envidiosa por estas mujeres siglo XXI que se atropellan el mundo disfrutando de la vida sexual y profesional sin tapujos ni culpas?.
Que impunidad la de la vieja. Y la de todos los que estaban allí presentes que me miraban con gestos de molestia ante mi NO rotundo frente a la vieja, insinuando que estaban ante una doncella irrespetuosa. Que bronca, che, esta vieja se mueve por la ciudad creyendo que por ser jubilada tiene derecho a la prioridad en todo y donde quiera que vaya. Ándate a cagar vieja, asi de simple te lo digo. Pito catalán a tus pretensiosos privilegios de diva. Y a esos mirones, con muecas moralistas, me pregunto, ¿qué se me vienen a hacer los educados y respetuosos?, muti, de una les advierto que están muy confundidos. Es más, no me cabe duda que son los primeros que comen una mandarina en el auto que los lleva a la costa y tiran, descaradamente, la cáscara por la ventana, ensuciando el planeta. Y frente a sus hijos!!!!!!!!!!, y me vienen a hablar de conductas ejemplares…bien que no tienen recato a la hora de desmenuzar el sándwich en frente de esta carita en pleno horario pico de transporte público. No se vayan a creer que el ruido de sus masticadas es música para mis oídos.
A esta altura del partido, la bronca que tengo no me deja empezar el día si no es con mal humor. Declaro la guerra civil y política a los colectivos y no solo a los de línea sino también a los de larga distancia: por los bebés que me lloran toda la noche, las siluetas hipopotámicas que roncan y por los desequilibrados choferes que regulan de a puntos extremos la temperatura, alternando bruscamente, entre la calefacción de hoya de puchero que empaña los vidrios y el aire acondicionado que te invita a taparte con la frazadita esa que, vaya uno a saber, quién la uso antes.
Yo no gano para disgustos. El mundo contra mí era el titulo ese día.
Te decía, me bajé del ómnibus maldito y antes de llegar a casa, decime vos, ¿quién me manda a meterme en el supermercado?, ¿quién?, bueno, si ya se, mis antojos de tarta de verdura.
Le clavé un buen rato a la espera en la caja. Es que yo no tengo nada contra las cajeras, al contrario, comprendo lo que de extenuante debe tener ese laburo pero mirá que le ponen ganas, se empecinan en ser lentas, ni en pedo pensar que los clientes están apurados. Cero esfuerzo por ganarse una felicitaciones de mi parte ni de ninguna otra, está clarito, se nota que ya no necesitan cooptar clientela los gerentes del supermercado.
Resulta que llega mi turno, se rompe la maquina de tarjeta de crédito y yo, que solo tenía esa posibilidad de pago, me quedé esperando para ver si la solucionaban, se pasó otra media hora más, no pude pagar, no pude quedarme con los productos, me quedé con el apetito de tarta de verdura más que inconcluso y, con este panorama, la noche pinta para la lágrima fácil. Pues bien amigos, es evidente que el mundo no pretende ser perfecto. Asique yo mejor me voy a dormir, con permiso.

miércoles, agosto 27, 2008

Monólogos

Orgullo de Veleta

Mis amigas me dicen que soy veleta porque hasta hace un tiempito yo sostenía firmemente la idea de ser madre joven, veinteañera, bien diosa y prueba de inmune erotismo y, por estos días, autoproclamo con fervor los postulados de Simona de Beavoir sobre la anti-maternidad en un mundo signado por el caos y la violencia y me incumbe la evidente crisis de la humanidad. Me pregunto para qué traer a un hijo a esta tierra tan superpoblada, en la que abundan miles de niñitos pobres, con hambre, huérfanos y planteo que, en todo caso de que el instinto de reproducción racial aceche a la mujercita, porqué no adoptar un baby en lugar de seguir procreando en un planeta en que los recursos amenazan con agotarse. Mas aún, teniendo un lugar como China donde ya no hay espacio para nadie más y donde no hay tecnica antifertilidad que devuelva resultados esperados. Más aún, existiendo un continente como Africa que se auspicia como la reserva más novedosa y glamorosa de futuros hijos.
Demos coto a las imágenes románticas de la maternidad placentera y autorealizadora. Sí, obvio que tengo aspiraciones, de lo contrario, no sería un humano pero aspiraciones dentro de un gran proyecto audiovisual o editorial, ascender en una empresa, ser gerente, directora, reconocida profesionalmente. Lo que se suele decir liberal, chica del 2000.
Y está bien cambiar de parecer, no resisto un misero archivo y me hago cargo de los daños y desconciertos que pueden causar mis vaivenes reflexivos. Pero entusiasta y convencida argumento sobre lo penoso e inmaduro que sería mantener para siempre una única e inamovible postura respecto a los hijos o las relaciones humanas, el sexo, la comida, los gustos, los intereses, la vida. Y si, me responsabilizo, me asumo como madre fundadora del movimiento veletista si es necesario y si ser veleta significa mutar de opiniones tras recientes andares amorosos que rasguñaron my cuore, deseos sin concreción, expectativas frustradas. Me aplaudo porque significa estar viva el dejarse renovar a partir de las experiencias. Y si antes amaba no tener tv en el cuarto porque me obligaba a cultivarme mediante un libro, hoy puteo porque mis domingos de soledad necesitan una dosis de E Enterianment en pijamas con la frazada hasta el cuello. Y me dejaba cautivar por el discurso liberador del estudiantado revolucionario pero me topé con Manhattan, subí al Empire State y me fotografíé en la Casa Blanca y desde entonces me regocija sin prejuicio la idea del consumo ilimitado por las grandes marcas del fashion en el shopping. Me angustiaba un mal rendimiento deportivo ahora salgo a la cancha a divertirme; abandoné la posición de depositar imaginarios de un país mejor ante cada encuentro deportivo que protagonize una selección nacional. Era frustrante y desalentador. Solía ser de la clase de personas para las que la vida no encontraba su buen cauce y sentido, hoy no me lo planteo demasiado, me lo tomo light, como la coca que antes no ingería por el grado calórico que contiene. Ahora mi universo es amigero, como -en definitiva- nunca dejó de serlo pero que tampoco nunca fue tan trascendental y que, como nunca antes, cumple de maravillas con la promesa de no hacerme sentir tan sola en este mundo drástica y felizmente cambiante.